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lunes, 14 de mayo de 2012

A dos años del ACV de Gustavo Cerati

Esos fueron los últimos temas que tocó Cerati antes del ACV.
Caía el sol en Venezuela. Desde su habitación, en un hotel de Caracas, Gustavo Cerati hablaba vía skype con un cineasta argentino, llamado Andy Fogwill; ajustaban detalles de la película psicodélica que pretendía hacer el músico juntando todos los clips de su último disco, Fuerza natural. Faltaban un par de horas para el show que daría en el auditorio de la Universidad Simón Bolívar, y por eso el cantante debió cortar la charla: “Me tengo que ir che, it´s show-time”, dijo.
Fue la noche del 15 de mayo de 2010, una bisagra en la historia del rock en español: Gustavo Adrián Cerati, exlíder de la banda latinoamericana más importante de todos los tiempos, Soda Stereo, autor de un sinfín de hits y pasando por el pico máximo de su prolífica carrera solista, sufriría un accidente cerebro vascular que lo tiene hasta hoy en estado vegetativo. Fue horas después de bajarse de un escenario venezolano. Por aquellos días, tenía solamente 50 años.
Cerati, en general, no era muy comunicativo durante sus shows. Hablaba poco, tocaba mucho. Cuentan que después de los recitales volvía al hotel para meterse en YouTube a ver los videítos que subían los fans y solía arrepentirse de las cosas que decía entre tema y tema. Pero esa noche en Caracas, dicen que se la pasó haciendo chistes.
Según la revista Rolling Stones, cuando terminó el concierto del 15 de mayo, Cerati bajó a su camarín y pidió que le sirvieran algo de comer. Uno de sus guitarristas, Richard Coleman, entró a saludarlo y Gustavo le preguntó: “¿Dije muchas estupideces?”. “Y sí, como siempre”, respondió Coleman, y añadió: “Pero a la gente le encanta que digas estupideces”. 
Media hora más tarde, el sonidista Adrián Taverna -que acompaña a Cerati desde los días de Soda Stereo-, bajó del escenario y también pasó por el camarín para charlar sobre cómo había salido el show. Lo encontró comiendo. “Ya sé a qué viniste -le dijo Gustavo-, ya me di cuenta que sonó bien”. Taverna lo vio demasiado apagado y le preguntó: “¿Te pasa algo?”. “No, estoy cansado”, le contestó el músico. “¿Querés hacer algo?”, agitó el sonidista, para ver si salían a tomar algo y, como respuesta, recibió un seco “no, sólo quiero dormir hoy”.
Taverna salió del camarín un poco desconcertado, Gustavo nunca se había querido ir a dormir después de tocar. Afuera, se encontró con el resto de los músicos, que organizaban la foto que sacaban cada vez que terminaba el tramo de un tour. Fernando Samalea, el baterista, acomodaba la cámara en automático, subido a una banqueta. Gustavo apareció a último minuto, cuando ya estaban todos listos. La primera foto salió sin flash, así que Samalea les pidió que se quedaran donde estaban. Taverna se dio vuelta para preguntarle a Cerati cómo se sentía. “Lo miré y estaba blanco, con los ojos desorbitados y la boca abierta. No me lo olvido más en mi vida”, dijo.
“Te pasa algo”, insistió el sonidista. Pero Gustavo ya no pudo contestarle. Medio perdido, se fue caminando hacia su camarín y se desplomó sobre el sillón. El asistente de Cerati, Nicolás Bernaudo, creyó que el cantante tenía un pico de presión, o algo así, por eso llamó a los paramédicos para que lo atendieran. Se lo llevaron en una ambulancia hasta la clínica La Trinidad de Caracas.
Cuando llegaron a la clínica no había luz, así que lo llevaron a otro sanatorio para hacerle unos estudios. Gustavo seguía consciente, con los ojos abiertos, mirando a la nada, sin poder hablar.
Después de los exámenes, volvieron a La Trinidad y lo dejaron internado. La habitación, en el tercer piso de la clínica, tenía una sala de estar en la que se acomodaron como pudieron Taverna y el manager del músico, Nando Travi. A esa altura, las enfermeras lo habían sedado. Cerati dormía.
A la mañana siguiente se conoció la noticia en la Argentina. Hablaban de una simple descompensación y no había más detalles. Ese día, en Venezuela, Gustavo estuvo consciente, aunque seguía sin poder hablar. Acostado en la camilla, se agarraba el brazo derecho todo el tiempo, que ya no le respondía y golpeaba con la mano izquierda la baranda de la cama, nervioso, con fastidio.
En un momento, se levantó para ir al baño, pero como tenía varios cables en el cuerpo, Taverna tuvo que ayudarlo. “Y ahí pasó una cosa muy fuerte”, relató el sonidista a la Rolling Stones: “Cuando entró en el baño se vio en el espejo, se quedó quieto y empezó a tocarse la cara. Se miraba como extrañado, se tocaba, me miraba a mí por el espejo y después se volvía a mirar, perdido. Tenía dormida la comisura derecha de la boca”. 
Un rato después llegó una enfermera con la comida. Un caldo de verduras, una ensalada y un pollo con salsa que Taverna le tuvo que cortar para que pudiera comerlo. Después, Gustavo le hizo un gesto al sonidista para que prendiera la tele. Y al rato le manoteó el control remoto y empezó a pasar los canales él mismo. Después de hacer zapping, terminó dejando una película ya empezada. “Ese fue su pico máximo de expresión. Me fui re contento al hotel, pensando que al día siguiente nos íbamos a casa”, explicó Adrián.
Pero al día siguiente las enfermeras encontraron a Cerati agarrándose la cabeza con su brazo izquierdo y sacudiéndose en la cama, con los ojos apretados y un fuerte gesto de dolor. Lo peor estaba pasando. Unos camilleros se lo llevaron de urgencia para hacerle una tomografía y un centellograma, pero Gustavo no dejaba de moverse y agarrarse la cabeza, hasta que en un momento se quedó dormido. La camilla no pasaba por la puerta del cuarto en el que tenían que hacerle un centellograma, así que Taverna lo levantó a upa y lo acostó para el estudio. Recién allí decidieron avisarle a la familia.
Para entonces, en Latinoamérica, los fans de Cerati aprendieron por la fuerza qué significaba una isquemia cerebral transitoria, porque se decía que eso había pasado. Con los días, el diagnóstico empeoró. Ya acompañado por su familia, y por médicos que viajaron desde Buenos Aires, Gustavo permaneció internado 20 días en Caracas, tras lo que se decidió trasladarlo a la Argentina en un avión especialmente acondicionado. Estaba en un estado de coma inducido.
Quedó internado en la Clínica Fleni de Buenos Aires, especializada en rehabilitación de casos de ACV. El primer parte médico decía: "Infarto extenso en el hemisferio cerebral izquierdo y daño del tronco cerebral secundario e hipertensión endocraneana". El cuadro no podía ser peor. 
Cerati estuvo en la Fleni cuatro meses, siempre en coma, estable, pero sin cambios. Luego, la familia decidió trasladarlo a otro centro de menor complejidad, llamado Alcla. Desde entonces, el lugar se convirtió en escenario de las muestras de apoyo de los fans del músico, que se juntan en fechas especiales, como la triste conmemoración del ACV, del que se cumplirán dos años este martes, y el cumpleaños de Gustavo, todos los 11 de agosto. Varios colegas lo visitaron, uno de ellos, el flaco Spinetta, dijo: "Después de ver a semejante genio dormido, uno no tiene ni derecho a estar de mal humor cuando goza de buena salud".
A dos años, la espera sigue. A Cerati lo aguardan sus fans, lo necesita la música, casi huérfana de futuro por el genio dormido, pero, sobre todo, lo espera su familia: su mamá Lilian, su hermana Laura y sus hijos adolescentes, Benito y Lisa. Todos lo quieren ver volver.
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